lunes, 8 de noviembre de 2010

Viva.

Puedo decir que de esta enfermedad están quedando las cenizas, esperemos que de esas cenizas quede sólo ese pasado que tanto tiempo me atormentó desde mi infancia. Estoy empezando una nueva etapa en la vida, la de esposa... pronto será la ceremonia religiosa y soy dichosa de haber encontrado a un hombre al cual no le importe mi físico, mi peinado, mi forma de pensar, comer... ser.
Precisamente lo veo a lo lejos, en la otra lap, sentadito, con mucho frío porque hace bastante en la región donde me encuentro viviendo ya. Ese suéter gris que lo hace ver taciturno, extremadamente tierno y sencillo.
En fin, no había podido escribir debido a mis actividades, preparativos para la boda y a punto de salir de este nuevo hogar provisional, pero he ganado una nueva y gran familia tan linda... que no puedo estar más agradecida.
Mi alimentación no ha sido muy buena, pero él me cuida y siempre me procura alimento, sea lo que sea y hasta con más gusto como cuando él viene a ofrecer algo. Es realmente el hombre de mi vida; es infantil y desordenado; enojón y explosivo, visceral y algo mimado, pero aun así... lo amo.
C. U.